Karen, primera visita a México 11-1

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2011.8.31
‘Día 11’
Por la mañana

Papá era un amor

En la madrugada, a medio dormida le abracé a Marisol.
Pero no me parecía tan real que iba a ser la última despedida con ella.
Porque aún estaba en la casa de Laura, en México.
No tenía esa sensación real que me podría hacer llorar.

 

Pero le abracé mucho para no arrepentirme después.
Fue una despedida rara, simple pero con el corazón partido.

 

“Karen, hoy es tu último día en México, ¿ya estás lista para regresar a Japón?”
No sabía qué contestar a papá.

 

Por mucho tiempo me había permitido quedar en su casa, me había sentido un poco cansada mentalmente y no podía reír muy bien. Aprendí que se necesitaría un cuarto para cada una persona, para Laura y para mí.

 

Papá estaba trabajando en la cocina y le hablé:

 

“Papá cocina mucho, ¿verdad?”

“Sí, ahorita tengo tiempo para cocinar porque trabajo sólo tres días por la semana en mi gimnasio, aunque es chiquito estoy contento de poder tenerlo. Ah, en México también, generalmente se jubila a los 60 años, yo ahorita tengo 52, ya había trabajado un montón por eso cuando llegó el momento ya me retiré.”

 

Oimos lanzar un grito agudo a los niños afuera.

 

“Karen, mira. A un lado de este departamento hay una escuela. Me gusta mucho escuchar a esa voz de los niños.”

 

Laura regresó de la escuela y desayunamos juntos, iba a ser el último desayuno sentados en la mesa en cuatro.

 

“¡Yo creo que a mamá le gustó papá por lo que era funny!”

Cuando les dije los dos se cruzaron las miradas y sonrieron.

Mamá era hermana menor de un amigo muy bueno de papá, y dice que a la primera vista papá se enamoró de ella. Él en su juventud… ¿tal vez le cortejó un montón llegó a tener su corazón?

 

Cuando Laura se fue a su cuarto por algo, papá me contó del trabajo que tenía antes.

Decía que cuando trabajaba en la empresa IBM, por el viaje de negocio iba frecuentemente a Perú, Brasil, Bolivia, etc. Se quedaba más o menos un mes en cada país, y me contó cómo se sentía al regresar a su país.

 

“Al regresar… tenía un sentimiento complejo…feliz…por lo que podía ver a mi familia, regresar a México…un poco triste…por lo que tenía que despedirme de los compañeros…desesperado…pensando en el largo viaje en el avión…”

No sé si él trataba de comprender lo que me sentía.

 

“Para mí, estar aquí desayunando junto con mi familia, es algo milagroso. Cuando trabajaba ahí, siempre salía muy temprano de casa, comía un bocadillo en la oficina, llegando a casa cenaba un poquito algo que me hacía mamá. Podría decir que regresaba a casa sólo para dormir.”

“Oh… entonces… los hijos iban a la escuela, ¿y mamá siempre la pasaba solita en casa?”

“Sí, antes sí, pero ahorita ya no, podemos estar juntos en casa. Pero a mis hijos no les agrada, porque todo el día estoy aquí y viendo a dónde van o qué van a hacer. jajajaja”

 

Papá sonrió con un poco de sombra.
Yo no le pude contestar nada, porque justo en la noche pasada, Laura me había dicho lo mismo. Papá puede percibir ese tipo de cosas…pues…pasará lo mismo en Japón, sólo que no tenía experiencia y no sabía qué decir.

 

Papá me regaló un CD de su favorito.

(Lo que me regaló en este momento fue de Armando Manzanero, desde entonces siempre me han gustado sus canciones, especialmente “Esta tarde vi llover”, ¡pues como todos!jaja)

¿En qué sentido ‘valiente’?

En este último día, después del desayuno, ¡iba a poder ver a Adriana!
Parecía que Laura se llevaba mejor con Adriana de todos los familiares, se veía feliz por lo que íbamos a verla. jaja

 

 

Llegando a la Universidad, empezamos a caminar para encontrarnos con Adriana.
En el camino Laura me dijo de repente: “Karen, eres muy valiente. y curiosa también.”

 

Pensé que fue por lo que había venido sola a México pero no lo fue.

 

“Has comido muchas cosas nuevas en México y nunca te dolió el estómago. ¡Tu estomago es muy valiente! jajaja”

 

Ah, valiente en ese sentido, hablando de mi estómago(^▽^;) jajaja

 

 

Mientras seguimos caminando buscando a Adriana, en el gentío encontré una cara que me sonaba.

 

“¡Liliana!”

 

Laura le llamó en voz alta, ella al vernos sonrió un poco sorprendida.

Le decía a su amiga que esperara tantito y vino caminando hacia nosotras.
Intercambiamos un poco de las palabras, entonces su amiga también vino caminando.

 

Hmm… su amiga y yo nunca nos veremos de nuevo… ¿pero sí se puede saludar? ¿Dando la mano o con un beso?

 

Me quedé pensando por un segundito y ella ágilmente me saludó con un beso.
Lo blando de sus cachetes… quedó muy impresionante…jaja

Ahora vi, que en México se saludan pegando sus cachetes en cuanto se conocen, aquí tener los cachetes elásticos y suaves es una gran ventaja, si fuera hombre seguramente me habría latido el corazón, ¡más bien aunque soy mujer me acaba de latir el corazón! jajaja

 

En un instante, vimos a Adriana y su amiga que nos estaban saludando con la mano sonriendo muy alegremente en la parada del otro lado.

 

CONTINUARÁ…

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